65 días

Actualizado: 6 mar 2021

No tengo el talento para escribir, pero es una buena experiencia de vida para contarla.

Creo que he pasado por una etapa obligada de mi vida y es la enfermedad coronavirus donde miles de personas tendrán también su historia. Mi relato simplemente es la mezcla de muchos síntomas, emociones y pensamientos. Quiero aclarar que este relato no va con ningún deseo de ofender ni criticar alguna entidad ni persona.

Hacia el día 13 de marzo después de una larga jornada empecé a notar algo de molestia en la garganta que no me impedía continuar a plena normalidad mí fin de semana. El lunes 16 empecé a notar mialgias (dolor muscular), cefalea (dolor de cabeza) y tos. Fue cuando decidí llamar al 061 para reportar mis síntomas. En ese momento la médica de guardia me dijo “mientras no tengas fiebre puedes ir a trabajar…este virus lo cogeremos todos…”

Fui a mi centro de salud donde todos estábamos a la expectativa de lo que nos íbamos a encontrar. La verdad por el desconocimiento frente a este virus nos notábamos algo relajados ya que aún no nos imaginábamos la magnitud de esta pandemia. Nos dividimos en 2 tipos de urgencias (respiratorias y general) donde yo comencé por la respiratoria. Ese día vi 18 pacientes en lo cual hubo gran colaboración de la población.

Ya por la tarde empecé a notar algo de febrícula y empeoramiento de los síntomas antes descritos, sabía que ya tenía el coronavirus… Al día siguiente volví a llamar al 061 donde me enviaron una ambulancia para que me recogiera la muestra en faringe (PCR). Me aislé en otra habitación con todas las medidas a tener en cuenta. Al día siguiente recibí una llamada de un gran amigo que fue un pilar importante en mi enfermedad para darme el resultado POSITIVO de la PCR.

Cada día que pasaba me sentía peor pero confiaba en mi juventud y mi estado de salud habitual aunque sabía que en algún momento se podía complicar por padecer Asma. El hecho de ser médico no sé si me convenía o me perjudicaba porque quería obtener toda la información necesaria y esto aumentaba mi preocupación ya que todo me llevaba a más incertidumbre… Me conecte inmediatamente con el grupo de WhatsApp de mis amigos médicos para estar también al día de sus comentarios, pero todos los artículos leídos no daban garantía de mejoría por tener pocos estudios y al ser un virus nuevo para todos.

Durante esos días tenia aumento de tos y dolor costal y por esto fui en 2 ocasiones a urgencias de Hospital de son Espases donde me valoraron con analítica y Rx, donde no existía ningún parámetro médico que me obligara a quedarme ingresado.

En este párrafo quiero hablar de dos personas especiales que se unieron a mi causa que fue la psicóloga (A) y la psiquiatra (B) para iniciar un apoyo psicológico en este proceso. No se imaginan lo agradecido que estoy con estas personas tan importantes en mi evolución.

Hacia el día 25 de marzo (12 días) no podía hablar por teléfono por tanta tos y dificultad respiratoria que tenía. Llame nuevamente al 061 para que me trasladaran y acudió una ambulancia de trasporte donde me dijeron que me llevarían al hospital de Manacor. El camino se me hizo largo ya que iba en la parte trasera no hay ventanas.

Al llegar al hospital de Manacor me recibieron varias caras conocidas y otras no pero la atención prestada fue impecable aunque notaba algo nerviosismo en el personal por el tema de no contagiarse ya que aún no habían tantos casos en ese momento y estaban poniendo a prueba sus nuevos protocolos e indumentaria para atenderme, eso sí siempre tuve una sonrisa de su parte.

Al final quedé ingresado y de los síntomas que más me acuerdo fue la dificultad respiratoria, la cefalea intensa (dolor de cabeza) y del frío en mis pies y mis manos.

La habitación fue la 303 en la planta de trauma habilitada para atender a los pacientes por Covid-19. Nunca llegue a pensar que estaría solo en una habitación de paciente ya que he pasado muchas veces por estas habitaciones cuando era residente de medicina de familia. La vida es simultáneamente trágica y cómica, lo que me sorprende es la velocidad con que puede cambiar.

Al siguiente día vino a verme la internista tratante (L) donde muy amablemente se presentó y me dijo como haríamos el tratamiento, lo único que me dejo un mal sabor de boca fue cuando me dijo que tenía que darle mi autorización verbal por si me tenían que ingresar a la UCI (unidad de cuidados intensivos). En ese momento empecé a ver la muerte más de cerca acompañada de su mejor amigo que es el miedo…durante ese día pensé mucho en que sería de mi familia sin mí..? En mis hijos, en mi esposa, en lo joven que era para morir y lo que me quedaba por hacer…

Al inicio de mi tratamiento eran varias pastillas que me producían nauseas, dolor abdominal y diarrea que no me permitían probar la comida fría que me traían pero todo esto lo compensaba la nota que dejaba cada día la cocinera(S) que decía “ánimo que no estás solo” dibujando un arcoíris. Por otro lado, agradecía a todas las personas que entraban en mi habitación ya que todas tenía un objetivo en común “curarme”.

En uno de esos días acudió mi amiga (D) quien vino a dejarme algunas cosas entre ellas una hoja con el versículo del Salmo 91 y agua bendita.

Pasaron los días e iba mejorando mi estado de salud y al completar 7 días la médica tratante (L) me dio la buena noticia que ya me podía ir a casa. En ese momento pensé que ya había pasado lo peor… Al estar preparado para salir siendo el primero en el hospital en ser dado de alta por Covid-19 iba a recibir una gran despedida pero aun esto no estaba montado y me fui con mi bolsa de ropa acompañado del celador. Sin embargo, yo fui quien las aplaudió ya que comprendí que ellas/os eran quien se merecían esa gran ovación.

Me esperaba mi esposa (X) quien al verla no sabía si abrazarle, besarle pero me invadió el miedo a que se contagiara y solo nos miramos diciéndonos mucho, nos dimos las manos y partimos a casa sentado en la silla de atrás. Cuando llegué a casa me esperaron mis hijos que no sabían si abrazarme o besarme y con el dolor de mi alma les dije que no... Estaba muy desubicado pero a la vez tranquilo de estar nuevamente en mi casa en compañía de los que quiero, en casa me aislé nuevamente en la habitación de huéspedes que tenía unas vistas preciosas y sentía que me daban un suspiro de vida. Día 30 marzo.

Al ser dado de alta eso no significaba que ya estaba curado, seguía con oxígeno bajo, dolor en el pecho y tenía dificultad respiratoria aun para ducharme.

La verdad que pasaban los días y no notaba mejoría veía que no avanzaba. Notaba dolor torácico al inclinarme, sensación de nudo en la garganta, palpitaciones al esfuerzo físico, cefalea, frialdad en pies y manos. Eso hizo que mi agotamiento mental caducara y empecé a tener alteración del sueño acompañado de un desanimo permanente. Sin embargo creo que no llegue a tocar fondo gracias a mis ángeles A y B que siempre estuvieron pendientes de mi con una magnifica ayuda profesional y que gracias a ellas hoy puedo contar mi historia con mucha serenidad.

13 de abril, día de mi cumpleaños…Una sensación muy nostálgica ya que no podía abrazar a mi familia, creo que ese día fue el que más lloré ya que hacia un resumen de todo lo que estaba viviendo. Ese día mis hijos me llamaron desde la planta de abajo diciéndome “vecino” que me asomara por la escalera y fue cuando vi a mi esposa con una tarta de queso con unas velitas encima. Me emocione mucho; mi esposa subió la tarta que ella había elaborado y yo como tenía la mascarilla puesta, trate con la mano de ventilar la velita para apagarla después de cantar el cumpleaños feliz pero no se apagaba y fue cuando mi invadió el desespero y cogí la tarta la gire hacia mí, me baje la mascarilla y soplé... Vaya error …ya la había contaminado… viendo la cara de sorpresa que dio mi hijo pequeño ya que él es el más goloso. Me toco partir mi trozo y tirar la tarta…

Pasaron los días y comenzó la segunda parte de mi tormento que fueron las PCR... Empezaron hacerme este test en una carpa habilitada del Covid-19 en Manacor. Tenía que ir con mi coche con una cita donde me tomaban la muestra yo estando dentro del coche. En una de las tantas di Negativo. Ese día no podía aguantar la alegría e inmediatamente trate de volver a la normalidad de mi casa e hicimos una gran cena, jugué ajedrez, monopolio con mis hijos y además les corte el pelo con una máquina que habíamos comprado. Al día siguiente mi hijo menor presentó dolor de garganta y tos… Llamamos al UVAC y les pedí que me hicieran nuevamente la prueba de PCR y Serología. Entonces el UVAC decidió hacérmela y de paso a mi familia.

Al día siguiente me dieron el resultado donde mi familia todas las pruebas fueron negativas y la gran sorpresa es que yo volví a dar positivo en la PCR. Se me vino el mundo encima volviendo a mi vida de aislamiento previo acompañado de muchas preguntas sin respuestas.

En ese momento tenía dos opciones: tocar fondo o seguir luchando dando la guerra a esta enfermedad. Empecé por realizar el ejercicio cognitivo- conductual que era buscar cosas que me dieran consuelo como pensar que no llegue a estar en una UCI. Me aferré mucho a Dios ya que mi fe era muy débil. Busque además una rutina de ejercicios, de lectura, de series, de horarios de hablar por teléfono sin excederme en contar tanto mi propia historia. No miraba noticieros ni leía la prensa porque me parecía que solo se hablaban de números sin pensar en el sufrimiento de las familias y la prudencia que hay que tener en estos casos.

Cuando llego el día 63 me hicieron el 10mo test de PCR y fue cuando mi gran amigo que trabaja en Son Espases me llamo a darme la primera buena noticia que el test había salido negativo. Como en esta ocasión se necesitaban dos test con 48h de diferencia mi ansiedad fue alta para esperar el segundo test. Lo veía como ganarse una lotería ya que también me harían también la Serología. La verdad ya me sentía algo mejor en mi cuadro respiratorio había mejorado sin llegar al sentirme curado.

Día 65 nuevamente el test salió negativo con una serología IgG alto. Fue mi gran alegría de saber que al menos podía estar junto a mi familia.

Sé que a día de hoy hay 239.638 historias que contar en España donde cada uno contara su vivencia con este virus. La mía ha sido esta y quiero compartirla con las personas que en algún momento del relato pueden ubicarse lo más cercanamente a esas emociones vividas. Quien no se reinventa a pesar del dolor, no se libera. A la vez quiero dejar mi canción favorita durante mi enfermedad: Los secretos – pero a tu lado (2020) y la palabra RESILIENCIA con las que resumo mi historia.

Mauricio Trespalacios, Médico de familia (colaborador SuForAll)

Palma de Mallorca (ES), 4 de junio del 2020

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