Transición energética: Oportunidades sostenibles
- Javier Trespalacios

- 11 oct 2022
- 9 min de lectura
Actualizado: 11 may
La transición energética se entiende como un "proceso de cambio estructural y de largo plazo en los sistemas de producción, distribución y consumo de energía, orientado a sustituir progresivamente los combustibles fósiles por fuentes de baja emisión y renovables, de acuerdo con los escenarios de descarbonización planteados por organismos como la Agencia Internacional de la Energía" (IEA, 2020). Este proceso emerge en un contexto global marcado por el calentamiento climático, la crisis energética y el agotamiento progresivo de recursos fósiles. La urgencia climática reclama reducir emisiones para evitar impactos catastróficos, mientras que la volatilidad de los mercados energéticos y las restricciones geopolíticas subrayan la necesidad de nuevas fuentes y modelos energéticos seguros y sostenibles (UNDP, 2020).
Historia del concepto
Aunque las transiciones energéticas han acompañado a la humanidad desde la Revolución Industrial, el concepto moderno tiene raíces específicas. La primera gran transición energética de la era industrial se produjo entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX, cuando el carbón fue desplazando progresivamente a la madera y a otras fuentes tradicionales como principal base energética en países como el Reino Unido, impulsando la industrialización (Smil, 2019). A finales del siglo XIX, la invención del motor de combustión interna y el desarrollo de la electricidad consolidaron el predominio del petróleo como fuente energética clave (Descubre La Energía, n.d.).
El uso contemporáneo del término “Energiewende” se consolidó en Alemania a partir de la década de 1980, ligado al movimiento antinuclear y a los debates sobre la transformación del sistema energético, en los que participaron organizaciones como el Öko‑Institut (Kungl, 2015). El concepto ganó prominencia política con la publicación del libro "Energiewende: Wachstum und Wohlstand ohne Erdöl und Uran" (Transición Energética: Crecimiento y Prosperidad sin Petróleo y Uranio) de Krause, Bossel y Müller-Reißmann en 1980.
La institucionalización política del concepto de “Energiewende” se fue consolidando a partir de los años 2000, cuando el gobierno alemán incorporó metas de expansión renovable, eficiencia energética y reducción de emisiones en su marco regulatorio (Geels et al., 2017). Este modelo alemán influyó significativamente en las políticas energéticas europeas, particularmente tras el Acuerdo de París de 2015, que universalizó la necesidad de transiciones energéticas nacionales (Geels et al., 2017).
Señalización de gas en uso
La evolución conceptual ha incorporado progresivamente dimensiones de justicia social, seguridad energética y competitividad económica, transformando la transición energética de una aspiración ambiental a una estrategia integral de desarrollo sostenible.
Motores de la transición
La transición energética se impulsa por fuerzas ambientales, al buscar frenar el calentamiento global; económicas, ante la necesidad de sistemas eficientes y estables; políticas, para cumplir con acuerdos internacionales como el de París; y sociales, impulsadas por la demanda de energías limpias y justicia energética (UNDP, 2020; IRENA, 2021). Estos motores interactúan creando un escenario complejo que requiere innovación, colaboración y adaptación constante (UNDP, 2020; IRENA, 2021).
Ejes principales en la transición energética
Entre los ejes centrales de la transición energética suelen destacarse la descarbonización, la mejora de la eficiencia energética y la expansión de las energías renovables, apoyadas en innovación tecnológica y marcos regulatorios adecuados (IEA, 2020; IRENA, 2021). La economía circular puede reforzar este proceso al reducir el uso de recursos y residuos asociados a la cadena energética, especialmente en sectores intensivos en materiales (IRENA, 2021).
Papel del gas en la transición energética
El gas natural ha sido presentado en numerosos debates como un posible “combustible de transición”, debido a que sus emisiones directas de CO₂ por unidad de energía son menores que las del carbón (IEA, 2020). No obstante, su papel sigue siendo objeto de controversia, ya que se trata de un combustible fósil y las fugas de metano asociadas a su ciclo de vida pueden reducir de forma significativa sus ventajas climáticas si no se controlan estrictamente (IEA, 2020). Su capacidad de integración con hidrógeno renovable y biometano amplía su contribución hacia un sistema más sostenible, manteniendo la estabilidad y seguridad energética mientras se despliegan tecnologías limpias.

Contador de gas
Diversos escenarios de descarbonización señalan que, para que las redes gasistas sean compatibles con los objetivos climáticos, deberán incorporar de forma creciente gases de origen renovable y de baja huella de carbono, como el biometano y el hidrógeno verde (IEA, 2020; IRENA, 2021). El biometano, producido a partir de residuos orgánicos, y el hidrógeno verde, generado mediante electrólisis con electricidad renovable, representan las principales alternativas para descarbonizar las redes gasistas existentes (IEA, 2019; GasNaturally, 2021).
Ejemplos empresariales, estrategias de transición energética
A continuación, se presentan ejemplos de estrategias empresariales exitosas para impulsar la transición energética en el sector gasista:
Enagás (España) participa en diversos proyectos piloto de hidrógeno verde y biometano orientados a estudiar la inyección de estos gases en redes existentes y su potencial contribución a la descarbonización del sistema gasista (Enagás, n.d.; IEA, 2020).
ENGIE (Francia) ha desarrollado proyectos que combinan gas natural con biogás y energía renovable, así como iniciativas de hidrógeno para usos industriales y de movilidad (ENGIE, n.d.).
Naturgy (España) ha anunciado programas para adaptar parte de su infraestructura a la incorporación de biometano e hidrógeno, en línea con los marcos regulatorios europeos sobre gases renovables (Naturgy, n.d.; IRENA, 2021).
Ejemplo de una estrategia de transición energética para un distribuidor de gas
Una empresa distribuidora y comercializadora de gas puede evolucionar hacia un modelo sostenible implementando cinco pilares fundamentales:
Auditoría energética detallada para identificar puntos críticos de consumo y áreas de mejora en eficiencia y sostenibilidad.
Objetivos claros y cuantificables para reducir emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar la participación de energías renovables, con énfasis en la incorporación progresiva de biometano e hidrógeno verde.
Modernización de infraestructuras existentes para facilitar el transporte y almacenamiento de gases renovables, evitando inversiones innecesarias y acelerando la transición.
Implementación de tecnologías digitales avanzadas para optimizar la operatividad, el monitoreo y la gestión del consumo energético, promoviendo la sensibilización y formación de clientes.
Comunicación transparente sobre avances, desafíos y compromisos, construyendo confianza y posicionándose como referente en sostenibilidad.
Esta hoja de ruta permitirá a la empresa no solo reducir su huella ambiental, sino también diversificar su oferta energética y consolidar su liderazgo en la economía baja en carbono (Naturgy, n.d.).
Ejemplos de países avanzados en transición energética
Diversas naciones se han convertido en referentes en distintos aspectos de la transición energética, ya sea por su despliegue de renovables, por sus políticas de descarbonización o por sus estrategias tecnológicas (IEA, 2020; IRENA, 2021).
Dinamarca presenta una de las mayores cuotas de electricidad eólica del mundo y ha incrementado de forma significativa el uso de biogás en su sistema energético, apoyándose en objetivos climáticos ambiciosos y políticas estables de apoyo a las renovables (IEA, 2023; IEA Bioenergy, 2021).
Alemania ha desarrollado la Energiewende, con un importante despliegue de energías renovables, políticas de eficiencia y una hoja de ruta para la salida del carbón, aunque la reducción efectiva de este combustible sigue en proceso (IEA, 2020; Agora Energiewende, 2022).
España ha aprobado marcos estratégicos como el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y la Hoja de Ruta del Hidrógeno, que impulsan la expansión de las renovables y el desarrollo de cadenas de valor de hidrógeno de origen renovable (MITECO, 2019; MITECO, 2020).
Japón, tras el accidente de Fukushima, ha revisado su política energética combinando una fuerte dependencia del gas natural licuado con el despliegue gradual de renovables y el impulso a tecnologías de hidrógeno para reforzar su seguridad energética y avanzar en la mitigación climática (METI, 2010; IGES, 2015).
Retos y obstáculos
La transición energética enfrenta desafíos interrelacionados: los riesgos geopolíticos surgen por la competencia y la dependencia de materias primas críticas, que pueden generar tensiones internacionales y modificar las dinámicas de poder global; económicamente, la necesidad de inversiones elevadas en infraestructuras y tecnologías sostenibles limita la rapidez del cambio, especialmente en países con menos capacidad financiera; a nivel social, la transformación también encuentra resistencia por la incertidumbre en sectores afectados, como el empleo tradicional, lo cual exige una gestión cuidadosa de la transición para minimizar impactos negativos y lograr consensos (IRENA, 2021).
Oportunidades y beneficios
La transición energética ofrece beneficios que la posicionan como una estrategia clave para el futuro sostenible. Entre estos destacan la significativa reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que contribuye a mejorar la calidad del aire y combatir el cambio climático. Además, la integración creciente de fuentes renovables diversifica la matriz energética, disminuyendo la dependencia de combustibles fósiles y fortaleciendo la seguridad energética con sistemas más autónomos y resilientes. Este proceso impulsa la innovación tecnológica, fomenta la creación de empleos verdes y promueve la modernización de infraestructuras, lo que beneficia tanto a la economía como al bienestar social (IEA, 2021).
Perspectivas a futuro
El futuro de la transición energética se basa en la transformación de las redes gasistas para transportar hidrógeno, biogás y otros gases renovables, lo que facilitará la integración de fuentes limpias y la consolidación de una economía circular que aproveche residuos y subproductos para generar energía, minimizando así el impacto ambiental. Las empresas gasistas tradicionales desempeñarán un papel crucial al adaptar infraestructuras existentes y desarrollar nuevas capacidades, como la hibridación sectorial mediante tecnologías Power-to-Gas, que permiten convertir excedentes eléctricos renovables en hidrógeno para su almacenamiento y distribución. Esta reinvención del sector no solo optimiza recursos sino que abre oportunidades de negocio hacia mercados emergentes de hidrógeno verde y biometano, contribuyendo a un sistema energético más sostenible, flexible y resiliente (GasNaturally, 2021; European Biogas Association, 2022).
El dilema de frenar la extracción de combustibles fósiles
Frenar la extracción de gas, petróleo y carbón plantea un dilema complejo. Por un lado, la ciencia climática y los escenarios de descarbonización señalan que es necesario detener la expansión de nuevos proyectos fósiles para cumplir los objetivos del Acuerdo de París y limitar el calentamiento global a 1,5–2 °C (IEA, 2020; IRENA, 2023). Por otro lado, muchos países dependen de estos recursos para obtener ingresos fiscales, divisas, empleo y financiación pública, sobre todo cuando los hidrocarburos representan una parte elevada del PIB y de las exportaciones (IRENA, 2021). En estos contextos, una reducción demasiado rápida de la producción sin alternativas consolidadas puede obligar a importar energía más cara, con efectos adversos sobre hogares, empresas y balanzas comerciales (IEA, 2020).
Este dilema es simultáneamente ambiental, económico y político. Los ingresos derivados de la venta de hidrocarburos suelen sostener partidas significativas del presupuesto nacional, infraestructuras, servicios sociales y subsidios energéticos (IRENA, 2021; UNDP, 2020). La pregunta central no es solo si se debe dejar de extraer, sino cómo gestionar esos recursos mientras existen, en qué sectores reinvertirlos y de qué manera evitar que la economía quede bloqueada en una dependencia fósil de medio y largo plazo (Geels et al., 2017).
Una estrategia coherente con la transición energética consiste en destinar una fracción creciente de dichos ingresos a acelerar el despliegue de energías renovables, mejorar la eficiencia energética, electrificar transporte y edificación, diversificar la base productiva y financiar políticas de transición justa en los territorios más expuestos (IEA, 2020; IRENA, 2023). Así, los recursos fósiles actúan como palanca temporal para construir una economía menos dependiente de ellos, en lugar de consolidar la dependencia y el riesgo de activos varados (IRENA, 2023).
El caso de Noruega ilustra esta tensión. El país sigue siendo un importante productor y exportador de petróleo y gas, pero ha canalizado parte de esos ingresos hacia un fondo soberano de alcance global —el Government Pension Fund Global— y hacia un sistema eléctrico casi plenamente renovable, basado sobre todo en energía hidroeléctrica (IEA, 2020; NBIM, 2022). Este fondo, uno de los mayores del mundo, se ha comprometido a alinear sus inversiones con la neutralidad climática en 2050 y a presionar a las empresas participadas para reducir sus emisiones (CNN, 2022; NBIM, 2022). Noruega muestra que un país productor puede utilizar los ingresos fósiles para financiar su propia transición, pero también que sigue abierta la controversia sobre el ritmo de reducción de la producción y su coherencia con los objetivos climáticos globales (IRENA, 2023).
Conclusión
La transición energética es un proceso complejo y multifacético que requiere la colaboración de gobiernos, empresas y sociedad civil. La reinvención del sector gasista, mediante la integración de gases renovables y la adaptación de infraestructuras, es esencial para avanzar hacia un modelo energético sostenible. Países como Dinamarca, Alemania, España y Japón están liderando este cambio, ofreciendo ejemplos valiosos de políticas y proyectos exitosos. La transición energética no solo es una necesidad ambiental, sino también una oportunidad para impulsar el desarrollo económico y social en un mundo cada vez más interconectado y consciente de los límites del planeta.
Referencias
Enagás. (n.d.). Proyectos de hidrógeno verde y biometano. https://www.enagas.es/web/enagas/proyectos
ENGIE. (n.d.). Biogás y transición energética. https://www.engie.com/es/biogaz
European Biogas Association. (2022). Biogas and the Energy Transition. https://www.european-biogas.eu/
GasNaturally. (2021). Gas for Climate: A European Pathway to Net-Zero. https://www.gasnaturally.eu/publications/gas-for-climate/
Geels, F. W., et al. (2017). The multi-level perspective on sustainability transitions: Responses to seven criticisms. Environmental Innovation and Societal Transitions, 23, 122–136. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2210422417300175
International Energy Agency (IEA). (2020). World Energy Outlook 2020. https://www.iea.org/reports/world-energy-outlook-2020
International Renewable Energy Agency (IRENA). (2021). Energy Transition: Challenges and Opportunities. https://www.irena.org/Publications/2021/Jun/Energy-Transition-Challenges-and-Opportunities
International Renewable Energy Agency (IRENA). (2021). World Energy Transitions Outlook 2021. https://www.irena.org/Publications/2021/Jun/World-Energy-Transitions-Outlook-2021
Japan Hydrogen Strategy. (2020). Basic Hydrogen Strategy. https://www.meti.go.jp/english/press/2020/1218_001.html
Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. (2019). Marco Estratégico de Energía y Clima. https://www.miteco.gob.es/es/ministerio/planes-estrategicos/energia-y-clima.aspx
Naturgy. (n.d.). Compromiso con la transición energética. https://www.naturgy.com/es/sostenibilidad/transicion-energetica
United Nations Development Programme (UNDP). (2020). Annual Report 2020. https://annualreport.undp.org/2020/





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