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Ciudades que aprenden: el ambiente del conocimiento y la sostenibilidad

Actualizado: 6 abr

Edward Glaeser [1] afirma en el Triumph of the City (2011) que el desarrollo exitoso de las ciudades depende principalmente de las personas que las habitan y de la interacción entre ellas. La densidad urbana facilita encuentros, conversaciones y colaboraciones que favorecen la circulación de ideas. Este proceso crea lo que puede describirse como un Ambiente del conocimiento, donde el aprendizaje y la innovación surgen del contacto directo entre individuos, empresas e instituciones.


En este entorno, la proximidad física acelera el intercambio de información. Científicos, emprendedores, estudiantes y profesionales comparten espacios de trabajo, universidades, cafés o lugares públicos. Estas interacciones generan aprendizaje colectivo y contribuyen a la formación de redes sociales y profesionales que impulsan la creatividad y la actividad económica.


Javier Trespalacios

Según Edward Glaeser, Nueva York es el triunfo de la ciudad (foto, Javier Trespalacios)


Historia de ciudades como laboratorios de conocimiento

Para Glaeser, "las ciudades son el mayor invento de la humanidad" y han funcionado históricamente como espacios de innovación y generación de conocimiento. Mileto prosperó gracias al comercio con Egipto, Persia y el Egeo, lo que generó nuevas ideas filosóficas. En Atenas, Sócrates, Platón y Aristóteles fortalecieron el pensamiento crítico a través del debate público. Bagdad albergó la Casa de la Sabiduría (Bayt al-Hikma), donde eruditos de diferentes culturas traducían y preservaban conocimiento sin barreras. Florencia vivió el Renacimiento cuando artistas como Leonardo da Vinci y Miguel Ángel colaboraron con científicos y comerciantes. Hoy, Silicon Valley funciona con un principio similar: empresas tecnológicas, la Universidad de Stanford y fondos de inversión comparten espacio y cultura para impulsar la innovación.


El rasgo esencial de las ciudades exitosas

Según Glaeser, las ciudades exitosas son aquellas que atraen y retienen talento diverso. La variedad de trayectorias, culturas y formas de pensar permite que estos lugares se adapten mejor a los cambios. Nueva York, Bangalore, Chicago y Boston ilustran cómo el dinamismo urbano surge del capital humano y de la apertura a nuevas propuestas (Glaeser, 2011).


El núcleo de este éxito es la interacción: personas con intereses distintos se encuentran, comparten conocimientos y aprenden unas de otras, generando innovaciones, proyectos colectivos y nuevas formas de abordar problemas urbanos. Entre los principios clave destacan:


  • La proximidad impulsa la innovación. Aunque la tecnología ha reducido las distancias virtuales, el encuentro directo sigue siendo decisivo para estimular la creatividad y la colaboración (Glaeser, 2011).

  • El conocimiento compartido multiplica resultados. Conferencias, talleres, encuentros comunitarios y plataformas digitales facilitan el intercambio entre ciudadanos, instituciones y empresas, lo que amplifica el aprendizaje colectivo.

  • Los espacios públicos fortalecen el tejido social. Plazas, parques, bibliotecas y centros comunitarios fomentan la interacción y la cooperación, aumentando la confianza y el capital social (Jacobs, 1961).

  • La diversidad cultural da resiliencia. Las ciudades que integran distintas perspectivas, lenguas y tradiciones muestran mayor capacidad de adaptación y generan entornos más innovadores.

  • Los incentivos adecuados transforman comportamientos. Reconocimientos, beneficios fiscales o sistemas de puntos orientan la participación ciudadana y favorecen prácticas más responsables.

  • La concentración de talento dinamiza economías. Las ciudades que atraen y forman población cualificada consolidan ecosistemas de innovación y emprendimiento (Florida, 2002; Saxenian, 1994).


El riesgo de depender de un solo sector

Glaeser advierte, sin embargo, que la dependencia excesiva de un solo sector económico puede debilitar el dinamismo urbano. Detroit sufrió este riesgo por su fuerte dependencia de la industria automotriz, cuyo declive en los años 1970–1980, agravado por la competencia internacional y la automatización, provocó pérdidas masivas de empleo y población (Fernández Águeda, 2015). Cleveland enfrentó un fenómeno similar con la caída del empleo manufacturero debido a deslocalizaciones y modernización industrial, reduciendo su dinamismo económico y urbano (Schweitzer, 2017). Estos casos subrayan que la diversidad económica y social es fundamental para mantener ciudades resilientes e innovadoras.


Ambiente del conocimiento para impulsar la sostenibilidad

Un ambiente del conocimiento [2] se genera cuando las personas en un mismo espacio poseen conocimiento sobre un tema específico, como la sostenibilidad, y pueden intercambiar ideas. Este intercambio permite que los procesos de cambio y los objetivos comunes se comprendan mejor y se integren de manera coordinada, convirtiendo el saber compartido en un motor que transforma la comprensión en acción concreta. Las teorías de Glaeser sobre ciudades exitosas, basadas en la interacción humana, la diversidad de talento y el aprendizaje colectivo, proporcionan un marco conceptual que puede aplicarse directamente a este enfoque, mostrando cómo la proximidad y el intercambio constante potencian la innovación y la sostenibilidad.


En la práctica, este enfoque se aplica en ciudades, empresas y centros educativos. En una ciudad donde los vecinos han sido formados con conceptos claros sobre sostenibilidad, pueden identificar las acciones sostenibles que realizan regularmente —como el uso eficiente del agua, el reciclaje o la movilidad responsable— y compartirlas en espacios de encuentro que incentiven la colaboración. En empresas, los equipos pueden reunirse en talleres, comités internos o plataformas digitales para intercambiar experiencias sobre prácticas sostenibles, optimizar procesos y desarrollar proyectos conjuntos que reduzcan residuos o emisiones. En centros educativos, docentes y estudiantes aplican los conocimientos en proyectos prácticos —como huertos escolares, laboratorios de energía o campañas de reciclaje— y luego comparten los resultados y aprendizajes, integrando la teoría en la acción y fortaleciendo la cultura de sostenibilidad en toda la comunidad educativa.


Conclusión

La sostenibilidad, desde la perspectiva de Glaeser, se potencia mediante ambientes de conocimiento activos. Se construyen sobre la interacción humana, la proximidad y la diversidad. Aplicar sus teorías en ciudades, empresas y centros educativos aumenta la capacidad de innovación. También fortalece las acciones sostenibles al convertir el intercambio de saberes en una práctica cotidiana y estructurada. Estos tres ámbitos se transforman en espacios conectados que potencian el desarrollo sostenible integral y adaptativo.


"El auténtico triunfo de la ciudad es ser un espacio vivo de aprendizaje colectivo y colaboración constante." E. Glaeser

Nota

[1] Edward Glaeser es un economista estadounidense y profesor en la Universidad de Harvard, especializado en economía urbana. Su trabajo destaca cómo las ciudades, a través de la densidad y la interacción humana, fomentan la innovación y el crecimiento económico. Además, Glaeser sostiene que el desarrollo sostenible urbano es fundamental, enfatizando la importancia de políticas que promuevan ciudades compactas y accesibles para potenciar tanto el bienestar ambiental como el progreso económico.

[2] El concepto de ambiente del conocimiento, propuesto por Trespalacios (2018) en su plan de doctorado en la Universidad CEU (España), plantea que cuando una población está informada y formada sobre temas como la energía y la sostenibilidad, el intercambio de conocimientos entre ciudadanos, instituciones y empresas facilita una mejor comprensión de los objetivos comunes. Este entorno favorece la aplicación más eficaz de políticas sostenibles y estrategias de energías renovables en la población y el territorio, especialmente dentro de procesos de planificación energética sostenible.


Anexo:

Aplicaciones del ambiente del conocimiento (Trespalacios, basado en Glaeser) para fomentar la sostenibilidad

El ambiente del conocimiento, propuesto por Trespalacios y basado en las ideas de Edward Glaeser, plantea que la interacción humana, la proximidad física y la diversidad de experiencias generan espacios donde el conocimiento se comparte, se adapta y se transforma en acción concreta. Este concepto se puede aplicar para fomentar la sostenibilidad en ciudades, empresas y centros educativos, al facilitar que las personas reconozcan, intercambien y amplíen sus prácticas sostenibles.


Consideraciones de aplicaciones de la teoría de ambientel conocimiento Glaeser defiende que el desarrollo urbano exitoso crea ambientes de conocimiento dinámicos, donde la interacción humana y la proximidad física facilitan la innovación y el aprendizaje colectivo (Glaeser, 2011). Este principio se puede aplicar para fomentar la sostenibilidad en ciudades, empresas y centros educativos.


Ciudades: Ecosistemas urbanos de conocimiento

La concentración de personas y la diversidad fomentan ambientes propicios para el intercambio de ideas, la innovación y la adaptación (Glaeser, 2011). Para promover la sostenibilidad urbana:


  • Portland, EE.UU., implementó el Urban Growth Boundary, que limita la expansión dispersa y concentra los servicios para reducir la huella de carbono. Esto fomenta el transporte público y el uso de bicicletas (Newman & Kenworthy, 1999).

  • En Freiburg, Alemania, los ciudadanos participan directamente en políticas de energía renovable. Esto ha generado barrios solares exitosos que combinan tecnología y cohesión social (Beatley, 2012).


Estas prácticas conforman un ambiente de conocimiento urbano donde el saber ambiental circula y se aplica colectivamente, elevando la resiliencia y la acción sostenible.


Empresas: Redes colaborativas internas y territoriales

Aplicar el ambiente de conocimiento de Glaeser en las empresas significa propiciar culturas y estructuras que fomenten la colaboración interdisciplinaria y la innovación sostenible (Glaeser, 2011).


  • Interface, empresa líder en alfombras modulares, integra departamentos de diseño, producción y sostenibilidad en redes internas de mejora continua para minimizar residuos y emisiones (Anderson, 2009).

  • En Zúrich, el GreenLab reúne startups y centros tecnológicos en un hub ambientalmente innovador. Esto favorece sinergias y transferencia tecnológica (Swiss Innovation Park, 2018).


El intercambio constante de conocimiento es clave para alinear la rentabilidad con la responsabilidad ambiental y social.


Centros educativos: Laboratorios de sostenibilidad

Glaeser dice que el capital humano se fortalece en ambientes educativos que promueven la interacción y el aprendizaje colectivo (Glaeser, 2011). En las escuelas sostenibles:


  • El programa Sustainable Schools en Finlandia permite que estudiantes participen activamente en la gestión de recursos energéticos y en huertos escolares (Tilbury, 2011).

  • En Buenos Aires, el programa Escuelas Verdes involucra a estudiantes en campañas de movilidad sostenible y reciclaje conectadas con políticas municipales (Ministerio de Educación de Buenos Aires, 2018).


Estas acciones crean ambientes de conocimiento educativo donde se cultiva la conciencia sostenible y se fortalece el compromiso cívico.


Referencias

Anderson, R. (2009). Confessions of a radical industrialist: Profits, people, purpose—Doing business by respecting the earth. St. Martin's Press. https://us.macmillan.com/books/9780312549749/confessionsofaradicalindustrialist

Beatley, T. (2012). Green cities of Europe: Global lessons on green urbanism. Island Press. https://islandpress.org/books/green-cities-europe

Fernández Águeda, B. (2015). Register the decline in time: Detroit – the rise and crisis of an industrial city. Anales de Geografía de la Universidad Complutense, 35(2), 65–96. https://doaj.org/article/11b10fcd4c174ef0b30d865011f249f8

Florida, R. (2002). The rise of the creative class: And how it's transforming work, leisure, community and everyday life. Basic Books. https://www.basicbooks.com/titles/richard-florida/the-rise-of-the-creative-class/9780465024773/

Glaeser, E. L. (2011). Triumph of the city: How our greatest invention makes us richer, smarter, greener, healthier, and happier. Penguin Press. https://www.penguinrandomhouse.com/books/307280/triumph-of-the-city-by-edward-glaeser/

International Monetary Fund. (2019). Gente del mundo de la economía: El urbanita. Finanzas & Desarrollo, diciembre. https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/esp/2019/12/people.htm

Jacobs, J. (1961). The death and life of great American cities. Random House. https://www.penguinrandomhouse.com/books/294133/the-death-and-life-of-great-american-cities-by-jane-jacobs/

Ministerio de Educación de Buenos Aires. (2018). Programa Escuelas Verdes. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. https://www.buenosaires.gob.ar/educacion/escuelasverdes

Moreno Garcerán, A. (2012). El triunfo de las ciudades. Nueva Revista, 138. https://www.nuevarevista.net/articulos/el-triunfo-de-las-ciudades/

Newman, P., & Kenworthy, J. (1999). Sustainability and cities: Overcoming automobile dependence. Island Press. https://islandpress.org/books/sustainability-and-cities

Saxenian, A. L. (1994). Regional advantage: Culture and competition in Silicon Valley and Route 128. Harvard University Press. https://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674753402

Schweitzer, M. E. (2017). Manufacturing employment losses and the economic performance of the industrial heartland (Federal Reserve Bank of Cleveland Working Paper No. 17‑12). Federal Reserve Bank of Cleveland. https://www.clevelandfed.org/newsroom-and-events/publications/working-papers/2017-working-papers/wp-1712-economic-performance-of-the-industrial-heartland.aspx

Tilbury, D. (2011). Education for sustainable development: An expert review of processes and learning. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000191442

Trespalacios, J. (2018). Plan de doctorado: Hipótesis para impulsar la sostenibilidad en las ciudades. Universidad CEU, España.


Javier Trespalacios
Javier Trespalacios
Orbe, Suiza
2019

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